sábado, 24 de septiembre de 2022

Momificación según Heródoto

Algunas cosas que nos cuenta Heródoto sobre la momificación en su libro titulado Los nueve libros de la historia.
Sobre la momificación, es interesante leer lo que nos cuenta Heródoto: “Hay gentes establecidas para tal trabajo y que tienen tal oficio. Estos, cuando se les trae un cadáver, presentan a los que lo han traído unos modelos de madera, pintados imitando un cadáver. La más primorosa de estas figuras, dicen, es la de aquel cuyo nombre no juzgo pío proferir a este propósito. La segunda que enseñan es interior y más barata, y la tercera es la más barata. Después de explicadas, preguntan de qué modo desean se les prepare el muerto; cuando han cerrado el trato, se retiran; los artesanos se quedan en sus talleres y ejecutan en esta forma el embalsamamiento más primoroso. Ante todo meten por las narices un hierro corvo y sacan el cerebro, parte sacándolo de ese modo, parte por drogas que introducen. Después hacen un tajo con piedra afilada de Etiopía a lo largo de la ijada, sacan todos los intestinos, los limpian, lavan con vino de palma y después con aromas molidos. Luego llenan el vientre de mirra pura molida, canela, y otros aromas, salvo incienso, y cosen de nuevo la abertura. Después de estos preparativos embalsaman el cadáver cubriéndolo de nitro durante setenta días, y no está permitido adobarle más días. Cuando han pasado los setenta, lavan el cadáver y fajan todo su cuerpo con vendas cortadas en tela fina de hilo y le untan con aquella goma de que se sirven por lo común los egipcios en vez de cola. Entonces lo reciben los parientes, mandan hacer un ataúd de madera, lo guardan y lo depositan en una cámara funeraria, colocándolo en pie, contra la pared”
Y sigamos con lo que nos dice Heródoto, esta vez en su apartado ochenta y siete, sobre el modo de preparación de los cadáveres : “Ése es el modo más suntuoso de preparar los cadáveres. Para los que quieren la forma media y huyen de la suntuosidad, los preparan así: llenan unos dísteres de aceite de cedro y con ellos llenan los intestinos del cadáver, sin extraerlos ni cortar el vientre, introduciendo el díster. por el ano e impidiendo que vuelva a salir, y lo embalsaman durante los días fijados. El último sacan del vientre el aceite que habían introducido antes; el cual tiene tanta fuerza, que arrastra consigo intestinos y entrañas ya disueltos. La carne la disuelve el nitro, y sólo resta del cadáver la piel y los huesos. Una vez hecho esto, entregan el cadáver sin cuidarse de más”.
Veamos como nos cuenta Heródoto la forma de embalsamamiento de los menos pudientes en el punto ochenta y ocho de su Euterpe: “El tercer modo de embalsamar con que preparan a los menos pudientes es éste: lavan con purgante los intestinos, embalsaman el cadáver durante los setenta días, y lo entregan después para que se lo lleven”.

 




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