viernes, 25 de noviembre de 2011

La coronación de Nebjeperura-Tutankhamen



 

  Museo Cairo. foro Jimmy Henderson



La coronación de Tutankhamon según Christiane Desroches-Noblecourt, descrita en su libro titulado Vida y muerte de un faraónTutankhamen .Comencemos con la narración que explica la entronización del rey niño. “Era necesario ante todo que la entronización del rey niño pudiera servir para restablecer oficialmente la supremacía de Amon. Por eso no se trataba retrasladar la corte a Menfis, como se había hecho anteriormente, Por lo demás, antes de la ruptura y de la marcha para Ajet-Aton, Amenofis IV había sido consagrado, en tiempos de su padre, en Karnak, la Heliópolis del Sur, donde había “recibido las coronas”.Después de haber sufrido un ayuno ritual y de haber recibido las purificaciones preliminares, el niño de nueve años, había llegado al pilono del gran templo de Karnak, construido por su padre Amenofis III. La cabeza descubierta, el torso desnudo, los pies descalzos, llevaba solamente el faldellín, sin ningún adorno.


Iba escoltado por los más altos funcionarios de la corte y en la primera fila figuraban el general escriba del ejercito, Horemheb,y el “Padre divino” Ay, lugarteniente general de carros. Los días anteriores habían enviado al templo innumerables equipos de obreros, bajo las órdenes de los arquitectos y de los intendentes encargados de hacer desaparecer la gran “miseria” del templo, que había sufrido sevicias encarnizadas desde las persecuciones consecutivas a la muerte de Amenofis III. Naturalmente, no se había podido poner todo en buen estado y muchas puertas del templo, hechas de madera chapeada en oro y que el fuego había devastado, no habían podido ser reconstruidas todavía en su aspecto primitivo,La procesión no había ido más allá de este primer pilono ( el que es conocido en nuestros días como “el tercer pilono) y solamente los altos dignatarios habían seguido al joven Tutanjaton más allá del primer patio, donde se alzaban los obeliscos de sus antepasados Thutmosis I y Thutmosis III.
Algunos sacerdotes portadores de máscaras que les daban la apariencia de dioses y cuyo papel iba a representar, habían salido a su encuentro. Uno de ellos, identificado a Horus del Horizonte, y que disimulaba la cara detrás de una máscara de halcón, cogió una mano del rey y lo llevó hacia una capilla delante de la puerta del segundo pilono (hoy el cuarto), edificado por Thutmosis I, y que constituía, desde la época de los Sesostris, la entrada principal del templo llamado Ipet-Sut. Delante del dintel de la puerta donde su bisabuelo Thutmosis I aparecía bajo el doble dosel de fiesta Sed, el príncipe pudo leer la inscripción que recordaba que la puerta grande media 20 codos (10,4 m) y estaba tallada en piedra blanca caliza muy bella.Ayudado por otro clérigo, que aparecía el dios Atum y llevaba la otra mano del rey, Tutankhamen representaba el primer acto de la entronización que debía llevarlo a una sala del templo donde su cuerpo sufriría la primera transformación
Los sacerdotes, sus guías, iban a dejarlo en manos de los nuevos clérigos para proceder a la “purificación”. El futuro faraón tomaba entonces otro sitio en el centro de una especie de pilón rodeado de un banco no muy alto, sobre el cual subían cuatro oficiantes. Éstos estaban colocados en los cuatro puntos del horizonte para recordar el reparto de las cuatro partes del mundo, definidas por la antigua liturgia heliopolitana. Unas máscaras imitaban los cuerpos vivos de Thot con pico de ibis, del dios Set con hocico curvado y orejas derechas cuadradas, de Horus y Behedet con pico e halcón, y de otro halcón llamado Dunauy. Iban a proceder al “bautizo de Faraón” y a extender sobre su cuerpo una lustración de agua que brotaba de un aguamanil que cada uno llevaba en la mano. Tan pronto como el agua sagrada salía del vaso, transmitiendo la vida divina, materializada por el jeroglífico en forma de cruz ansada y el cetro en la cabeza del lebrero, transformaba la naturaleza del hijo real. En ese momento era ya digno de comparecer ante los dioses.


También fue guiado hacia el barrio del santuario destinado a los ritos de la coronación, llamado quizá “casa del rey”. Sus elementos esenciales eran locales en forma de pabellones evocando los dos templos primitivos de Egipto. “la “casa del fuego” ( o Per neser), capilla arcaica del Norte y la “Casa Grande” (o Per our), templo primitivo del Sur. En el primer local estaban los sacerdotes que recordaban los personajes divinos más augustos: Nekabit, Buto, Neith, Isis, Nefthys, Horus y Set, y todos los que contemplaban la Enéada. Su exaltación alcanzó el paroxismo cuando vieron al principe entrar en la capilla del Sir, donde lo esperaba la Hija de Amon, “la Gran Magna”, diosa serpiente, levantando su capa inflada de cobra real: se precipitó sobre el niño para “abrazarlo” siguiendo la fórmula de ritual, se enrolló alrededor e su cráneo y levantó la cabeza por delante de la frente del príncipe. Éste, que desde hacía varios años había sido iniciado en el lenguaje de las serpientes, había sido reconocido como el heredero que debía subir al trono, y la mano invisible de Amon había dirigido a su hija hacia el rostro del soberano.En aquel momento avanzaba ya hacia él el sacerdote Inmutef (“pilar de su madre”, recordando el papel que Horus había representado cerca de su madre Isis), llevando una piel de felino sobre el torso y cubierto con una peluca hecha de pelo trenzado cayendo sobre un lado y adornada con un gran bucle.


Ayudado de sus asistentes, iba a oisar, por turno, sobre la cabeza del elegido de Amon las numerosas coronas que le permitirían asumir las cargas, y cumplir con los papeles de Faraón. La mitra blanca y el bonete rojo, cuya reunión componía un tercer tocado llamado “las dos poderosas” o Pa Sejemty - del que los griegos hicieron el pschent -, la corona atej del dios Ra, la diadema de la cabeza seshed, la corona de piel azul o jeperesh, la corona ibes, el penacho de plumas, y los diferentes tocados de tela de lino para ocultar las pelucas. Estos objetos sagrados, insignias de la monarquía de todos los tiempos, estaban conservados en el templo y un día debían volver allí. Sólo la diadema podría adornar, en el día de la muerte, el cráneo del hijo del dios, cuando fuera llamado a reunirse con su padre. Esta es sin duda la razón por la cual no se encontró ninguna corona ni tocado real en la tumba del joven rey. Una excepción, quizá, se había hecho con la corona de función, que simbolizaba el dominio de ese hijo de dios sobre el reino terrestre: el casco de piel azul, o corona azul, llamada en egipcio jeperesh. Tal vez éste había sido depositado, en la tumba del rey en la caja de cubrecabezas, de donde lo robaron los ladrones. Tocado con este jeperesh el rey iba a salir de las capillas. Por detrás del cinturón llevaba colgada la cola (de jirafa?) de los jefes de clan primitivos, e iba calzado con sandalias cuyas suelas llevaban las imágenes de los nueve pueblos enemigos de Egipto, vencidos, que en adelante el rey dominaría para siempre.
Ahora iba a proceder a la “subida real”, franqueando el tercer pilono (actualmente el quinto). El rey -antes de llegar al pilono (el sexto actual) erigido por Thutmosis III, iba a bifurcar hacia la derecha e iba a ser conducido a una capilla lateral, al sur de la gran antecámara preparada delante del actual sexto pilono. Lo habían llevado delante de un gran naos monolítico de granito rosa, colocado sobre un pedestal, de gres y rodeado, al este y al oeste, de “colosos osirianos”. En la penumbra impresionante del naos, dedicado por el ilustre antepasado Thutmosis III y llamado “Menjeoerura que pone las coronas”, Amon iba a afirmar definitivamente sobre la cabeza de Nebjeperura el jeperesh, gracias al cual reinaría sobre el dominio del Sol. El rey, arrodillado y dando la espalda al señor de Tebas, sintió la mano del dios sobre su nuca.Durante una larga ceremonia mágico religiosa lo habían investido del “gran nombre”, formado por sus cinco títulos que habían compuesto los escribas de la Casa de la Vida. Los epítetos que acompañaban el enunciado de los cinco títulos variaban según los reyes, pero los elementos a los que se referían los epítetos eran inmutables
Había en primer lugar el aspecto de Horus, encarnación del dios rey sobre la tierra que definiría al nuevo soberano, y después su doble naturaleza, recordada por la imagen de las dos diosas tutelares de Egipto: el buitre y la cobra, cuyas manifestaciones repetidas sin cesar evocaban la eternidad. El tercer nombre era el de Horus de oro, imagen del principio del bien y de la vida eterna que domina el mal y el aniquilamiento. Después venia el nombre propio precedido siempre de los términos. Rey del Sur y del Norte (nesut-byt) o nombre de coronación. Dios encarnado sobre la tierra, destinado a resplandecer en el mundo de los vivos, en el meridiano del cíelo, ante todo, Faraón debía afirmarse resplandeciente de vida y de dinamismo; era “El del Sur” y a continuación “El del Norte”, y esta superioridad no era probablemente una consecuencia de las luchas políticas durante las cuales los jefes de clan del Alto Egipto hubieran fundado la monarquía: los nombres del faraón tenían una significación cósmica y religiosa. El príncipe Tutanjaton, en el día de su coronación, se convirtió en el rey del Sur y del Norte, Nebjeperu-Ra: “ El señor de las transformaciones es Ra”. El quinto nombre del rey era su nombre solar, el de su nacimiento, que en el conjunto de sus títulos iba precedido del término Hijo del Sol; Tiyi lo había llamado Tutanjaton
Se pedía a Amon, que lo había reconocido por hijo, le garantizase para la eternidad jubileos de Ra, y que sobre la tierra cumpliese, como Horus, con su oficio de rey.El rey iba a salir del santuario el primero. Se adivinaba en segundo plano el inmenso aura de Amon, el Viento Oculto, que ahora le serviria de atmósfera.Soble su cabeza llevaba colocado el casco jeperesh, el tocado dela monarquía llevado en casi todas las ocasiones. Amon se lo había puesto y el rey haría consagrar una estatua de esta imagen en el santuario (los fragmentos se hallan en el Metropolitan Museum de Nueva York). Pero en su tumba se depositará también, entre las capillas doradas que recordarán su entronización, dos bastones de oro y plata.Los puños debían eternizar en estos metales, que a la vez simbolizaban la carne y los huesos, el día y la noche, la imagen de un joven rey de nueve años, con el jeperesh con que Amon le había coronado para conferirle la autoridad sobre todo lo que el globo solar circunscribe”, en la cabeza.
El príncipe investido podía aparecer ahora como un rey y, delante de los representantes de todas las clases de Egipto, los sacerdotes enmascarados iban a representar la escena pública de la coronación.Sentado entre las dos diosas del Sur y del Norte, en un sitial arcaico, llevarían de nuevo al soberano las coronas gemelas dl Sur y del Norte y le colocarían ese pschent sobre la cabeza. Delante de él, sacerdotes con las máscaras de los dioses de los puntos cardinales, o también evocando el aspecto del genio del Nilo, enrollarían alrededor de un pilar simbólico el lirio y el papiro, plantas del Doble País. Era la ceremonia del Sema-Tauvy. Después le hicieron hacer el simulacro de un rito arcaico: La carrera alrededordel Muro del Santuario de Menfis, evocación de todo el dominio del dios.
En la víspera de la coronación, o también a la salida de las festividades, los futuros reyes tenían la costumbre de ofrecer el espectáculo de sus hazañas cinegéticas: dimar yeguas reacias, afrontar toros salvajes y medirse con el león que no sabrá resistirles, puesto que ellos mismos son leones. En la coronación de Tutanjaton, sin embargo no se podía olvidar los grandes hechos de armas de su glorioso antepasado. Amenofis II, tan fuerte y tan dotado de los dioses, que traspasaría con sus flechas varias dianas de cobre y dominaría un león que, en sus manos , no sería sino un títere; un escudo votivo de la tumba de Tutankhamen recuerda esta sección que le habrían querido adjudicar y que le hicieron quizás evocar por algunos gestos rituales en el patio del templo.En las manos del rey se veían ahora los dos cetros tradicionales del gran Osiris: el cayado heka, siempre asociado a la monarquía del Sur, y el mosqueador (¿) nejej, atributo de la soberanía del Norte. En la misma tumba del rey se encontraron dos juegos de cetros, y el más pequeño, el que correspondía los nombres del dios Aton. a las manos de un niño de nueve años, llevaba los nombres del dios Aton,


Amon coronaba al rey en Tebas, pero el xulto del Globo no había sido desterrado aún de las creencias del nuevo soberano, A lo largo de su reinado se comprobará, por otra parte, esa mecla de nombres de Atón y del dios tebano, que parecían vivir en buena armonía tanto sobre el trono sacerdotal del l rey, como sobre la dalmática o el cetro para consagrar las ofrendas.Cubierto con el jeperesh con que se había manifestado y había hecho su “aparición”, y después de haber llegado al centro del templo y de haber penetrado en el santuario de la barca, delante del cual brotaban como flores los dos pilares heráldicos de Thutmosis III, Nebjeperura había pasado a las salas de la ofrendas y había llegado al santo de los santos. Para poder “contemplar la cara del dios”, por último había atravesado la gran sala de las fiestas, para llegar delante de las “puertas del cielo” o las “puertas del horizonte de Amon”. Allí, por primera vez, fue iniciado a las ceremonias secretas del culto.



Después de su investidura, había penetrado en un patio del templo donde se conservaba con un cuidado extremo el pérsico sagrado (réplica del de Heliópolis). Sobre sus frutos milagrosos de este pérsico sagrado el dios Thot, con cabeza de ibis, marcaría su nombre de entronización para asegurarle innumerables jubileos.Investido con todos los poderes, el rey del Sur y del Norte iba a salir de nuevo por el gran pilono de Amenofis III. Pero antes de volver a su palacio de Malgatta tenía que aparecer ante su pueblo, de pie, sobre el carro chapeado en oro y en electro, donde a los dos lados de la caja figuraba ya el protocolo de los nombres divinos que acababa de recibir. A reunión de las plantas del Sur y del Norte estaba representada también. Sobre estas paredes adornadas con ornamentos influidos por los decorados asiáticos, los artesanos reales habían esculpido las imágenes de todos los pueblos vasallos de Egipto, arrodillados y atados, como para asegurar al rey niño la protección contra todo mal, al mismo tiempo que la paz de la cual era el primer defensor. Delante del timón, el pasaguías se terminaba por la imagen de un halcón dorado que llevaba sobre la cabeza un inmenso disco solar con el nombre sagrado del rey marcado en relieve.
Así iba a desfilar hacia el sur, pasando por los pueblos, muy densos en esta región de Tebas, para llegar a la gran capital de la orilla derecha , la Ciudad por excelencia No, muy probablemente la más importante de toda la antigüedad en aquella época. El cortejo se terminaría en el templo de Ipet-resyt, la Luxor actual, y a su paso el pueblo reunido y saciado de bebidas y de vituallas que se distribuían desde por la mañana, cantará las alabanzas del nuevo soberano del que se decía que devolvería a Tebas la prosperidad de antaño. Para estas fiestas de la coronación se había declarado la amnistía, las luchas religiosas conocían una tregua e incluso los que estaban en la cárcel parecían haber sido puestos en libertad en gran parte: jamás, desde hacia diecisiete años, Tebas había conocido semejante alegría.
De vuelta a Malgatta, Tutanjaton iba a prepararse para dirigirse, con su joven esposa, al barrio norte de la ciudad de Ajey-Atón donde le esperaba Nefertiti, ansiosa de saber por el “padre divino” Ay cómo se había desarrollado el encuentro oficial con los sacerdotes de Amon. En este tiempo, el “Padre Divino” Ay y el general Horemheb habían ordenado que se consagrara inmediatamente en el dominio de Amon un grupo de granito negro para confirmar los derechos de Tutanjaton al trono de sus antepasados, derecho que acababa de serle confiado por el dios Amon mismo. Y en los talleres de Karnak se tallaba una gran efigie de Amon ( actualmente en el Museo de El Louvre), cuyo tocado en forma de mortero estaba terminado por dos altas plumas con las siete secciones rituales. El dios tenía cogido delante de él, por los hombros, al rey Tutanjatón, e pie, vestido con la piel de felino llevada para celebrar el culto funerario del soberano difunto al que acababa de suceder.
Era subrayar así los derechos legítimos del rey niño a la soberanía que el mismo dios Amon le había permitido obtener. En el tesoro del rey había un cofrecillo que contenía los restos de una vestidura con estrellas cosidas imitando las manchas de la piel de un felino; una cabeza de leopardo de madera dorada estaba fijada eb un extremo de la tela. Quizás había revestido este traje cuando, muy joven, había oficiado en tanto que último descendiente del linaje real en las exequias de su predecesor, representando el papel de sacerdote Setem. Eran los ornamentos del oficiante que su tío abuelo, Aanen (estatua de Turín) había llevado en las exequias de Tuya y Yuya, en el momento de sus sepulturas definitivas en el Valle de los Reyes.


Tutanjatón tomó el camino de Ajet-Aton en compañía del “Padre Divino” Ay. Este último se había convertido en su ayo o consejero y, muy pronto, se le vió investido de las funciones de visir, lo que debía permitirle poder hablar en nombre del rey. Pero, en Tebas, el general Horemheb parecía haber decidido residir con más regularidad, ahora que un joven rey estaba sobre el camino de la ortodoxia amoniana; parece incluso que fuera nombrado “lugarteniente del rey” (especie de viceregente) a la cabeza del país.…..¿Podemos imaginarnos lo que podía see la vida de un niño, probablemente débil, con un destino tan pesado, que a los nueve años había ceñido una corona abrumadora? Era llevado a una ciudad de jardines donde iba a reunirse con la reina entre las flores y el fasto de una corte aislada donde se prohibía recordar el nombre del soberano muerto, el hereje, cuyos actos se reprobaban ahora abiertamente. ¿Qué podían representar para este niño las nociones de Amon y de Atón? ¿Qué podía pensar de las fiestas de la coronación y de la obsequiosidad con que los sacerdotes tebanos lo habían rodeado en el fasto severamente grandioso de la Ciudad de los Templos de Karnak, cuando se encontraba en las capillas solares o iba a los grandes templos de Atón, casi abandonados? Lo que había oído despreciar años antes, le era presentado ahora como una fuerza que lo transformaría bruscamente en dios vivo.

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